
El niño disfruta de un acceso privilegiado al lenguaje: su entrada en él está sistemáticamente
arreglada por la comunidad lingüística (amplificadores externos: familia y escuela) con la
que negocia los procedimientos y significados. El lenguaje es lo más importante en la
sociedad por lo que la sociedad arregla la entrada del niño en el lenguaje. El lenguaje es
fruto de una negociación (cuándo se usa un término o no), una interacción: el niño negocia
con la sociedad y ésta tira del niño. La relación con los agentes externos es fundamental
desde el nacimiento, existiendo una continuidad funcional entre la comunicación prelingüística
de los primeros meses y el lenguaje. El desarrollo del lenguaje comienza con la interacción
desde el nacimiento. El lenguaje es un instrumento de la comunicación pero, la comunicación
ya existía antes de que el niño comenzase a hablar.
Los principales precursores del lenguaje serían los “formatos”, estructuras predecibles de
acción recíproca (situaciones en las que las mismas cosas se repiten muchas veces por lo que
es predecible lo que tiene que hacer cada cual), donde los adultos optimizan sus estrategias
de “andamiaje”; para el adulto es más fácil ayudar y para el niño entender. Este andamiaje
se basa en Vygotsky. El niño tiene un conjunto de conocimientos que le permiten realizar unas
tareas. Pero hay otras tareas que sólo somos capaces de hacer con ayuda de alguien, esa
zona la llamó Vygotsky zona de desarrollo próximo o potencial. El adulto pondría un
andamio desde el cual ayudaría al niño. Cuando el niño aprende las tareas, la zona de
desarrollo próximo cambia y también la zona de andamiaje y así, sucesivamente.
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